La elección de una plataforma es una de las decisiones más complejas que debe tomar un responsable de formación. Además, es habitual considerar que la implantación de un LMS es la solución a la mayoría de los problemas que existen en la función de formación. La realidad resulta mucho más compleja, ya que según se avanza en el proceso de despliegue del LMS vamos descubriendo que no se adapta a las necesidades que tenemos en cada caso. Un importante esfuerzo organizativo, una cierta inversión, el Negocio espera resultados… y lejos de solucionarse los problemas, se mantienen o se agravan.
Detrás de cada LMS subyace un modelo de formación diferente, que no es mejor ni peor que el de cualquiera de sus competidores, simplemente es su seña de identidad. Este concepto va a condicionar en gran medida las diferentes funcionalidades, herramientas, flujos de trabajo, etc que va a ofrecer el Learning Management System.
En el mercado podemos encontrar sistemas que se autodenominan LMS con un enfoque eminentemente colaborativo (Web 2.0), orientados a la autogestión de la formación (autoservicio de aprendizaje), centrados en la gestión de la formación e-learning, focalizados en la formación presencial, con un importante componente de gestión del talento (gestión por competencias, trayectorias profesionales,…), etc.
El principal el error, y al mismo tiempo uno de los más comunes, es considerar la implantación de un LMS como un fin en si mismo. Un sistema de esta naturaleza, como ocurre en cualquier ámbito, debe ser parte de una solución al servicio de la estrategia del Negocio.
Es cierto que cualquier LMS suele ofrecer una amplia gama de opciones de parametrización y personalización, evitando la programación, lo que incrementa su flexibilidad y capacidad de adaptación a las necesidades del cliente durante el proceso de implementación. Sin embargo, lo que debemos tener claro antes de la compra de un LMS es que su parametrización va a permitir que adaptemos ligeramente algunas de sus funcionalidades, pero en ningún caso cambiar la filosofía subyacente en el sistema.
Por tanto, lo primero que debemos tener meridianamente claro es cuál es nuestro modelo de aprendizaje y en consecuencia que infraestructura de servicios asociados a la formación precisamos. No olvidemos que la tecnología aplicada a la formación no termina en el LMS. Los gestores de contenidos, las herramientas de comunicación síncrona, etc. son otros complementos clave para desplegar cualquier solución tecnológica alrededor de la formación y el desarrollo de las personas.